Me gusta tanto escribir que cuando lo hago, lo hago por impulso. Así que este es el motivo por el cual mis versos no mantienen una forma concreta. Son totalmente improvisados.
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20 de diciembre de 2011
afasía
Al otro lado solo lograba sentir su respiración arrítmica. Había saltado demasiados escalones en poco tiempo y sentía como a cada gesto se volvía más afásica. Perdía el aire con mucha facilidad y cada vez que articulaba cualquier palabra sentía que había retrocedido. Estar a su lado le provocaba una gran indiferencia y a la vez le hacía tener ganas de huir y hasta de romperlo todo, pero nunca lo llegó a hacer. Fue entonces cuando pudo percibir que las personas son más profundas de lo que todo el mundo piensa: estamos demasiado atados los unos con los otros y ni el odio nos consigue separar. Parecía que cada día más era a su vez un día menos, en todos los sentidos. Cada frase era también una frase menos. ¿Qué se suponía que debía hacer una vez lo había dicho todo? ¿Qué haces cuando estás consecutivamente en blanco? No sabía cómo parecer menos fría y no quería pasarse dando confianza a las personas que más tarde terminarían por olvidarla. Odiaba el olvido como un claustrofóbico odia los ascensores. Tenía la sensación de dejar un cachito de su ser dentro de los corazones de la gente que iba pasando por su vida y desaparecía igual que llegaba, independientemente de que le hubieran hecho tremendamente feliz o la hubiesen matado sin pretenderlo. Todo empezó otra vez después de que el calor de aquél verano se le pusiera en contra hasta conseguir su objetivo: quemarla por dentro. Y sentía que no había vuelta atrás, que estaba condenada a pasar el resto de sus días atrapada en una burbuja en la que nadie conseguía entrar.
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